¡Ni maíz palomas! México no se vende ni se arrodilla: Sheinbaum en Querétaro
Por Bruno Cortés
La neta es que la Presidenta Claudia Sheinbaum no se anduvo por las ramas este jueves en Querétaro. Plantada en el mero centro del Teatro de la República, ese recinto sagrado donde los constituyentes del 17 se echaron el tiro de redactar nuestras leyes, la mandataria soltó una frase que retumbó más fuerte que claxon en viaducto a hora pico: «México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende». Así, con todas sus letras, marcó la línea de lo que viene para el segundo tramo de su sexenio.
El ambiente en el recinto queretano estaba que ardía, y no precisamente por el calor, sino por el calibre político de la encerrona. A diferencia de aquellos tiempos de la «sana distancia» o los pleitos de vecindad con el Poder Judicial que vimos en el sexenio pasado, hoy la cosa se sintió distinta. Sheinbaum llegó arropada por la plana mayor de la 4T, incluyendo a la Jefa de Gobierno capitalina, Clara Brugada, y a una comitiva que dejó claro que la maquinaria está bien aceitada. No fue un acto protocolario más de esos de hueva; fue una demostración de músculo.
Ya entrada en calor, la «Doc» aprovechó el micrófono para dejarle claro a propios y extraños —y quizás a uno que otro vecino del norte con ganas de meter su cuchara— que México no es ni será «colonia ni protectorado de nadie». La frase cayó como balde de agua fría para los que todavía sueñan con ver al país agachando la cabeza. Sheinbaum insistió en que la soberanía no está a regateo, citando el artículo 40 con la precisión de quien se sabe la tarea de memoria.
Pero no todo fue discurso patriótico. La Presidenta sacó la lista del mandado para presumir las reformas que ya son una realidad en la Constitución. Se llenó la boca hablando de la Reforma Judicial —esa que tanto ruido hizo y que ahora permite que el pueblo ponga a los jueces—, el retorno de la CFE y Pemex como empresas públicas del Estado, y la protección a nuestros maíces nativos. Vamos, nos recetó un recordatorio de que el «Plan C» no era puro choro mareador, sino una hoja de ruta que ya está tatuada en la Carta Magna.
Un detalle que no pasó desapercibido para los que tenemos el colmillo retorcido fue la presencia de Hugo Aguilar Ortiz, el nuevo presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. ¡Qué diferencia, señores! Atrás quedaron los tiempos de los desaires y las sillas vacías o mal acomodadas. La imagen de institucionalidad alineada fue la cereza del pastel, mandando el mensaje de que los choques de trenes entre poderes ya son historia antigua, o al menos eso nos quieren vender en la foto oficial.
Por cierto, para los que estaban esperando la clásica «Mañanera del Pueblo», se quedaron con las ganas. La Presidenta suspendió su conferencia matutina para darle todo el foco al evento en Querétaro. Y vaya que le funcionó la estrategia, porque no hubo medio, desde los portales serios hasta los pasquines de la esquina, que no trajera la nota del «no nos vendemos» en ocho columnas. Fue un golpe mediático seco y directo.
En su intervención, Sheinbaum también le rascó a la llaga del pasado, recordando que el país no va a regresar al «régimen de privilegios y corrupción». Fue el clásico «no somos iguales» pero recargado. Aseguró que la Constitución de 1917 no es letra muerta, sino un documento vivo que se alimenta de la lucha popular. Se notaba cómoda, dueña del escenario, hablándole no solo a los políticos de traje y corbata, sino a la raza que sigue viendo en la 4T la esperanza de que les toque algo más que las sobras.
Entre los asistentes también se vio a Ernestina Godoy, Fiscal General, y a los líderes del Congreso, Laura Itzel Castillo y Kenia López, quienes aguantaron vara y aplaudieron en los momentos clave. La unidad mostrada en Querétaro contrasta cañón con la grilla que a veces se respira en la capital. Allá todos muy seriecitos y formales, entendiendo que el 5 de febrero es día de guardar las formas y sacar el pecho por la patria.
Al final, el mensaje quedó clarísimo: la Constitución ya tiene otro rostro, uno que, según Sheinbaum, recuperó su sentido social. Ya veremos si en la práctica las cosas fluyen tan bonito como en el discurso, pero por lo pronto, la Presidenta dejó el listón alto y avisó que, le guste a quien le guste, aquí «no hay marcha atrás». Y como decimos en mi barrio: el que entendió, entendió.
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