Magdalena Núñez advierte riesgos de IA para artistas
Por Bruno Cortés
Seguramente has visto en redes sociales videos de artistas famosos «cantando» canciones que nunca grabaron o actores que aparecen en escenas que jamás filmaron. Todo esto es obra de la Inteligencia Artificial (IA), y aunque parece magia tecnológica o un juego divertido, en realidad es un tema que tiene a los creadores de México con el alma en un hilo. En la Cámara de Diputados, la legisladora Magdalena Núñez Monreal acaba de poner el grito en el cielo porque, según explica, lo que parecía una buena noticia para proteger a nuestros artistas se está convirtiendo en un «gol tras de otro» en las comisiones legislativas.
Para entender el relajo, hay que hablar de lo que es una política pública en la vida real: es el escudo que el Gobierno y el Congreso construyen para que el pez grande no se coma al chico. La presidenta Claudia Sheinbaum envió una propuesta original que buscaba ser ese escudo, dándoles a los músicos, actores de doblaje y compositores el poder de decidir si una máquina puede o no usar su voz y su imagen. Sin embargo, en el camino por los pasillos del Congreso, la diputada Núñez Monreal denuncia que el dictamen sufrió cambios «regresivos». En lenguaje ciudadano, eso significa que en lugar de avanzar hacia el futuro, le dieron reversa y dejaron la puerta abierta para que las grandes empresas y disqueras sigan haciendo negocio con la identidad de los artistas sin pagarles lo justo.
La política pública aquí se trata de definir si tu voz es un simple «insumo industrial» —como si fuera una tuerca o un tornillo— o si es una extensión de tu personalidad que nadie debería tocar sin tu permiso. La diputada del PT advierte que hay una «danza de miles de millones de pesos» que se quedan en manos de unos cuantos, mientras que el artista que puso el talento se queda mirando desde la barrera. No es que los diputados o los artistas estén peleados con la tecnología; de hecho, reconocen que la IA es el futuro, pero lo que exigen son reglas claras: transparencia, ética y una paga adecuada por el uso de su trabajo.
Al final del día, lo que se está discutiendo en San Lázaro afecta a más de dos millones de personas que viven del arte en México. El coordinador de los diputados del PT, Reginaldo Sandoval, ya dijo que «se la van a jugar» con los creadores para que la «prosperidad compartida» de la que habla la presidenta no se quede solo en un eslogan, sino que llegue a los bolsillos de quienes le dan identidad a nuestra cultura. La batalla ahora está en el Pleno, donde los legisladores tendrán que decidir si protegen el ingenio humano o si dejan que los algoritmos, controlados por las trasnacionales, sigan clonando talentos sin pedir permiso ni dar las gracias.
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