Experiencia gourmet

Tu próxima taza: cinco cafeterías y qué pedir en cada una

14 agosto 2026 · Por admin

La Ciudad de México se consolidó como uno de los centros de café de especialidad más densos de América Latina. Solo en Roma Norte se concentran decenas de opciones serias en un radio de quince minutos a pie. El rango de precios para una taza bien hecha suele ir de 55 a 120 pesos, dependiendo del método y del origen. Esa diferencia de casi el doble no siempre se nota en el sabor: a veces se paga el local, a veces el grano, a veces el silencio para trabajar.

Quentin Café aparece de forma recurrente en las listas de referencia. Su propuesta se centra en extracciones limpias y granos mexicanos y de importación seleccionados. Un espresso o un americano ronda los 55-70 pesos; un filtrado puede subir a 90-110. Es el tipo de barra donde el barista explica el origen si se le pregunta. Conviene llegar entre semana en la media mañana: los fines de semana la fila se forma temprano y las mesas se ocupan rápido.

Café Avellaneda, con presencia en Coyoacán y otras zonas, se distingue por el trabajo con productores y por una taza más accesible en ambiente. El café de olla o un latte se mueven en el rango de 60-85 pesos. Es una parada sólida cuando se busca algo más relajado sin perder calidad de grano. Aquí el ritmo es distinto al de Roma: menos prisa, más conversación y una clientela que mezcla vecinos con visitantes que llegan por recomendación.

Almanegra Café, en Roma, combina tostado propio con barra. Aquí conviene pedir un pour-over o un espresso de origen mexicano. Los precios de filtrado suelen estar entre 85 y 115 pesos. El espacio es compacto y la rotación de granos es frecuente, así que la carta cambia. Quien regresa cada mes encuentra perfiles distintos. Esa rotación es, en parte, lo que sostiene el interés de la clientela más exigente.

Chiquitito, con varias sucursales (la original de Condesa sigue siendo referencia), se enfoca en trazabilidad y métodos de filtro. Un latte de avena o un pour-over de Veracruz o Chiapas se ubica entre 70 y 100 pesos. El pan de canela o los panes del día acompañan bien la taza. En la sucursal de Condesa el ambiente se siente más de barrio; en las más nuevas el diseño gana protagonismo. La diferencia se nota en la mesa y en el tiempo que uno decide quedarse.

Blend Station funciona como punto de trabajo y de consumo. Tiene varias ubicaciones y una carta amplia de granos. Un americano o un flat white se mantiene en el rango de 60-90 pesos. Es de las opciones más prácticas si se necesita mesa y enchufe, aunque en horas pico la afluencia es alta. Quien llega después de las once de la mañana los días laborales suele encontrar menos espacio libre. La ventaja es la consistencia: la taza rara vez defrauda y el servicio es ágil.

La regla práctica es sencilla. Si buscas pureza de taza y explicación del origen, ve a Quentin, Almanegra o Drip. Si prefieres ambiente de barrio y una taza confiable, Chiquitito o Avellaneda. Si necesitas quedarte a trabajar, Blend Station suele ser la más funcional. En todos los casos conviene preguntar el origen del día: el café de especialidad mexicano ha mejorado de forma notable en la última década y muchas barras lo privilegian. Un solo dato lo ilustra: hoy es más fácil encontrar un pour-over de Chiapas o Veracruz bien extraído que hace cinco años.

Un café de 70 pesos no es el más barato de la ciudad, pero tampoco el más caro del circuito. La diferencia con una cadena está en el grano, la extracción y el servicio. Llevar vaso propio, preguntar por el método y probar el filtrado del día son gestos simples que cambian la experiencia. La pregunta que queda abierta es cuántas de estas barras uno está dispuesto a recorrer antes de encontrar su taza de cabecera.

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