Misión Artemis II: La humanidad rompe récords de distancia en la Luna
Por Juan Pablo Ojeda
La misión Artemis II de la NASA culminó con éxito tras diez días de operaciones, consolidando el regreso de misiones tripuladas al entorno lunar por primera vez desde 1972. El equipo integrado por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen completó una trayectoria que incluyó hitos técnicos y científicos, a pesar de enfrentar contingencias en los sistemas de soporte vital y retrasos logísticos previos al lanzamiento.
El despegue se ejecutó el 1 de abril desde Cabo Cañaveral, Florida, empleando el cohete Space Launch System (SLS), el vector de lanzamiento más potente de la agencia espacial. La fase inicial requirió una espera de 25 horas en órbita terrestre para que el centro de control verificara el despliegue de paneles solares y sistemas críticos antes de autorizar la maniobra de inyección translunar hacia el satélite.
Durante la navegación, el sistema de gestión de residuos de la cápsula Orión presentó fallos operativos en el mecanismo de evacuación de orina. A pesar de representar una inversión tecnológica de 23 millones de dólares, el inodoro no recuperó su funcionalidad total durante el trayecto, obligando a los astronautas a implementar medidas de contingencia basadas en el uso de prendas absorbentes de alta capacidad.
La expedición estableció un nuevo récord de distancia para vuelos tripulados al alcanzar los 406,771 kilómetros de alejamiento respecto a la Tierra. Esta cifra supera la marca previa de 400,006 kilómetros establecida por la misión Apolo 13 en 1970, situando a Artemis II como la incursión humana que más se ha adentrado en el espacio profundo hasta la fecha.
En su tránsito por la cara oculta de la Luna, la tripulación experimentó una pérdida programada de comunicaciones con la Tierra durante 40 minutos. En este intervalo, los astronautas realizaron observaciones directas y registros fotográficos de la superficie lunar, además de documentar un eclipse solar total de 53 minutos, fenómeno aprovechado para el estudio técnico de la corona solar.
La fase científica incluyó el monitoreo de destellos de impacto por meteoroides y la búsqueda de polvo en suspensión sobre el limbo lunar. Estas tareas de observación en el espacio profundo se realizaron bajo condiciones de ocultación solar total, permitiendo un análisis atmosférico y planetario que resulta imposible de ejecutar desde estaciones terrestres o satélites en órbita baja.
El cierre de la misión se registró a las 20:07 horas con un amerizaje controlado en el océano Pacífico. El escudo térmico de la cápsula Orión soportó temperaturas de hasta 2,760 grados centígrados durante la reentrada atmosférica, garantizando la integridad de los tripulantes antes de su recuperación por unidades de la Marina de los Estados Unidos.
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