Monreal respalda a Sheinbaum y apuesta por la mesura
Por Bruno Cortés
En tiempos donde la política internacional suele calentarse rápido, en la Cámara de Diputados el coordinador de Morena, Ricardo Monreal Ávila, salió a marcar línea: la soberanía de México no se defiende con gritos, sino con cabeza fría. Y en ese discurso, el respaldo fue directo al estilo de gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo.
A través de un texto titulado “Temple”, el legislador planteó que el país atraviesa un momento donde las provocaciones externas —principalmente desde Estados Unidos— están a la orden del día. Pero, lejos de engancharse, la estrategia ha sido otra: mantener la calma y no caer en el juego de la confrontación.
Monreal lo dice sin rodeos: hay declaraciones del otro lado de la frontera que buscan incomodar y tensar la relación bilateral. Desde acusaciones sobre el control del país por parte del crimen organizado, hasta ocurrencias como cambiarle el nombre al Golfo de México. Sí, así como suena. Pero el punto de fondo, según el morenista, no es la anécdota, sino la intención de fondo: presionar y provocar una प्रतिक्रिया.
Aquí es donde entra el concepto de “temple”. Para Monreal, lo fácil habría sido responder con la misma intensidad, subir el tono y convertir el tema en pleito internacional. Pero no pasó. Y eso, asegura, es precisamente lo que fortalece el liderazgo de Sheinbaum: no reaccionar por impulso.
En pocas palabras, la apuesta del gobierno federal —según esta visión— es clara: diálogo sin subordinación. Es decir, mantener la cooperación con Estados Unidos, pero sin ceder en temas de soberanía. Una línea que suena bien en el discurso, pero que también implica un equilibrio complicado en la práctica.
El legislador también mete un toque más reflexivo al comparar este momento con pasajes clásicos como La Odisea, donde el liderazgo no se ejerce desde la fuerza bruta, sino desde la paciencia y la inteligencia. Traducido al contexto actual: no todas las provocaciones merecen respuesta inmediata, y a veces el silencio estratégico pesa más que cualquier declaración.
En el fondo, lo que se está construyendo es una narrativa política: México como un país que no se deja presionar, pero que tampoco cae en confrontaciones innecesarias. Una especie de diplomacia con freno de mano, donde cada paso se mide.
El reto, como siempre, será sostener ese equilibrio en un escenario internacional cada vez más tenso. Porque si algo deja claro Monreal, es que la soberanía no solo se defiende con discursos firmes, sino con decisiones calculadas. Y ahí, el “temple” —más que una palabra— se vuelve una estrategia política.
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