Tala clandestina y asentamientos irregulares deterioran los pulmones hídricos de la capital
Los bosques del sur de la Ciudad de México enfrentan un deterioro que va más allá de la pérdida de vegetación: pone en riesgo la disponibilidad de agua para millones de personas. La tala clandestina, el crecimiento de la mancha urbana y los asentamientos irregulares en zonas de conservación están debilitando la capacidad de estos ecosistemas para captar e infiltrar el agua de lluvia, advirtió Nahum Elías Orocio Alcántara, especialista del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus) de la Universidad Iberoamericana (IBERO).
El investigador destacó que territorios forestales de alcaldías como Tlalpan y Milpa Alta forman parte de una infraestructura natural indispensable para el equilibrio hídrico de la capital. Su conservación permite retener el agua pluvial, facilitar su infiltración al subsuelo y contribuir a la recarga de los acuíferos de los que depende buena parte del consumo de la población.
De acuerdo con la información presentada por el especialista, cerca del 70 por ciento del agua que consume la Ciudad de México proviene de ecosistemas vinculados al llamado Bosque de Agua, una región de más de 250 mil hectáreas que se extiende entre la capital del país, el Estado de México y Morelos, y que también contribuye al abastecimiento de Toluca y Cuernavaca.
Sin embargo, la presión sobre estos territorios ha aumentado por el avance de la urbanización y los cambios de uso de suelo. La construcción de viviendas y otros desarrollos en los límites del suelo de conservación fragmenta los hábitats naturales, reduce la cobertura vegetal y disminuye la superficie disponible para la infiltración de lluvia.
A estas presiones se suma la tala ilegal. El Observatorio de Conflictos Socioambientales de la IBERO documentó nueve polígonos de extracción forestal clandestina entre 2017 y 2021 en zonas de Milpa Alta, Tlalpan y La Magdalena Contreras. Este registro evidencia que la explotación irregular de los recursos forestales no es un problema aislado y requiere mecanismos permanentes de vigilancia.
Los asentamientos irregulares y los incendios forestales también contribuyen al deterioro. La pérdida de vegetación favorece la erosión del suelo, afecta la biodiversidad y reduce la capacidad de los ecosistemas para regular el ciclo del agua. Además, estas afectaciones pueden facilitar nuevos procesos de ocupación territorial y expansión de actividades agrícolas o urbanas.
El impacto no se limita al entorno natural. Cuando los bosques pierden su capacidad de captar e infiltrar agua, disminuye uno de los mecanismos que permiten mantener la disponibilidad de recursos hídricos durante las temporadas de menor precipitación. En una ciudad que enfrenta una creciente presión sobre sus fuentes de abastecimiento, el deterioro forestal representa un factor adicional de vulnerabilidad ante las sequías.
Ante este escenario, Orocio Alcántara consideró que las denuncias ciudadanas, aunque necesarias, no son suficientes para frenar las afectaciones. Planteó que la protección de los bosques requiere una estrategia coordinada entre autoridades, comunidades y habitantes, con responsabilidades claras y acciones permanentes en el territorio.
Entre las medidas propuestas se encuentra fortalecer la coordinación interinstitucional para combatir la tala clandestina y el cambio ilegal de uso de suelo, particularmente porque las afectaciones ambientales rebasan los límites administrativos de las alcaldías y las entidades federativas.
También destacó la importancia de impulsar la vigilancia comunitaria mediante la participación de ejidos, pueblos y comunidades que habitan estas regiones, debido a que su conocimiento del territorio puede contribuir a identificar oportunamente actividades que amenacen la cobertura forestal.
Otra medida consiste en fortalecer la participación ciudadana y desarrollar una planeación urbana regenerativa que reduzca la presión sobre las zonas de transición entre la ciudad y los bosques. Esto implica evitar que la conservación dependa exclusivamente de denuncias aisladas y avanzar hacia políticas públicas con seguimiento y resultados verificables.
La advertencia coloca nuevamente en el centro del debate la relación entre conservación ambiental y seguridad hídrica. Proteger los bosques de Tlalpan y Milpa Alta no representa únicamente una obligación ecológica, sino una condición para mantener la recarga de los acuíferos y reducir la vulnerabilidad de la capital frente a la escasez de agua.
El desafío para las autoridades consiste en traducir los diagnósticos y compromisos ambientales en vigilancia efectiva, ordenamiento territorial y protección de las comunidades forestales. Sin una política integral que atienda las causas de la deforestación, la Ciudad de México podría comprometer una de sus principales fuentes naturales de abastecimiento de agua.
Fuentes: Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana (Centrus-IBERO) y Observatorio de Conflictos Socioambientales de la IBERO.
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