El ejercicio en la juventud puede proteger el corazón décadas después, revela estudio
La salud cardiovascular en la vejez podría comenzar a definirse mucho antes de lo que se pensaba. Un reciente estudio realizado por investigadores del Karolinska Institutet, en Suecia, encontró que mantener una buena condición física desde la adultez temprana y media está directamente relacionado con una mejor salud vascular décadas después, incluso en personas con niveles normales de colesterol.
La investigación, publicada en la revista Scientific Reports, siguió durante casi treinta años a 425 personas como parte del proyecto sueco SPAF-1958. Los participantes fueron evaluados a los 34, 52 y 63 años mediante pruebas físicas, controles médicos y análisis clínicos orientados a medir el estado de sus arterias y diversos factores de riesgo cardiovascular.
Los científicos analizaron la capacidad aeróbica utilizando pruebas en bicicleta ergométrica y evaluaron la elasticidad arterial mediante técnicas no invasivas. Además, realizaron mediciones de presión arterial, peso corporal, tabaquismo y niveles de lípidos en sangre para comprender qué factores tenían mayor influencia en la salud vascular con el paso del tiempo.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue que el colesterol total y el colesterol HDL, conocido popularmente como “colesterol bueno”, no lograron predecir el nivel de rigidez arterial en la adultez mayor. Este resultado desafía parcialmente la idea tradicional de que los niveles de colesterol son el principal indicador del envejecimiento vascular.
La elasticidad de las arterias es considerada un factor clave para la salud cardiovascular porque las arterias rígidas obligan al corazón a trabajar con mayor esfuerzo y favorecen la acumulación de placas, aumentando así el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
En cambio, los investigadores observaron que las personas que mantenían una mejor condición física y mayor capacidad aeróbica a los 34 y 52 años presentaban arterias más flexibles al llegar a los 63 años. Esta relación se mantuvo incluso después de ajustar variables como presión arterial, índice de masa corporal, tabaquismo y niveles de colesterol.
Andrea Tryfonos, investigadora posdoctoral del Departamento de Medicina de Laboratorio del Karolinska Institutet y autora principal del estudio, explicó que los resultados refuerzan la importancia del ejercicio sostenido desde etapas tempranas de la vida.
“Nuestra investigación muestra que una buena forma física en la juventud se vincula a una mejor salud vascular en la adultez, independientemente de los factores de riesgo tradicionales”, afirmó la especialista.
Los autores consideran que el impacto positivo de la actividad física sobre el sistema cardiovascular va mucho más allá de lo que pueden reflejar los análisis clínicos convencionales. El ejercicio regular parece actuar como un factor protector silencioso que ayuda a preservar la elasticidad arterial durante décadas.
Además, el estudio destaca el valor de adoptar hábitos saludables antes de que aparezcan enfermedades o síntomas. Según los investigadores, la prevención cardiovascular no debería enfocarse únicamente en corregir problemas existentes, sino también en mantener una buena capacidad física a lo largo de la vida.
El proyecto todavía continúa en marcha. Los científicos planean realizar nuevas evaluaciones a los participantes, que actualmente rondan los 68 años, con el objetivo de analizar cómo los cambios en los niveles de actividad física a lo largo del tiempo influyen en el envejecimiento vascular y la salud cardíaca.
La investigación fue desarrollada en colaboración con el Hospital Universitario de Huddinge y distintas divisiones de fisiología y química clínica del Karolinska Institutet. Hasta el momento, no se reportaron conflictos de interés relacionados con el estudio.
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo, por lo que hallazgos como este abren nuevas perspectivas para la prevención a largo plazo. Más allá de dietas o medicamentos, el estudio refuerza la idea de que la actividad física constante puede convertirse en una de las herramientas más efectivas para proteger el corazón y las arterias con el paso de los años.
Como concluyó Andrea Tryfonos, “la buena forma física en etapas tempranas de la vida tiene consecuencias directas sobre la salud vascular en la vejez”, una afirmación que subraya cómo los hábitos cotidianos pueden marcar diferencias importantes incluso décadas después.

